La historia del crampón

Tú estás aquí

A la hora de planificar cualquier ruta invernal, desde una expedición en el Himalaya hasta un sencillo paseo por la Sierra más cercana, hemos de tener en mente la posible existencia de neveros y placas de hielo que puedan dificultar nuestra progresión. Sea cual sea el caso, si no vamos previstos del material adecuado podemos encontrarnos con la imposibilidad de continuar nuestra ruta, o más aún, que el retroceso por el camino andado sea imposible por las características del terreno, encontrándonos atrapados en mitad de la montaña. Los crampones son una herramienta imprescindible en cualquier ruta invernal, permitiéndonos avanzar por terrenos nevados y helados, aumentando considerablemente nuestras posibilidades de éxito.

Del siglo II d.C. datan los primeros utensilios ideados para permitir el desplazamiento en terrenos deslizantes o con poco agarre. La imagen hace referencia a un grabado en el arco de Constantino en Roma.

Crampón originario

Bastantes siglos después, en el siglo XVI, aparece una nueva herramienta usada por leñadores, pastores y cazadores en los Alpes, diseñada específicamente para permitir el avance por terrenos abruptos. Se trata del “grappette”, utensilio consistente en varias puntas fijadas a la puntera y tacón de la bota mediante un sistema de correas. Los “grappettes” evolucionaron y pasaron a cubrir íntegramente toda la suela de la bota, se añadieron más puntas de agarre, y mejoraron los sistemas de fijación por medio de más y mejores correas. Es en este momento cuando se empieza a hablar del crampón.

Crampón grappette

Antiguo "grappette" de cuatro puntas

Pero antes de consagrarse su uso, las botas con suelas claveteadas también tuvieron su momento de gloria a finales del siglo XIX. No obstante, su adherencia era escasa, y sus posibilidades ante terrenos más verticales eran casi nulas. Por esta razón, el uso de botas claveteadas fue desapareciendo. Sin embargo, fueron las primeras botas diseñadas específicamente para su uso en montaña.

Bota con suela claveteada

Bota con la suela claveteada

Los crampones seguían ganando adeptos gracias a la tracción y libertad de movimientos que ofrecía su uso. Fue en 1908 cuando un británico, Oscar Eckenstein, encargó por primera vez la construcción de un crampón como tal. El creador fue el herrero Henry Grivel (¿os suena el nombre?) en un taller local de Cormayeur, Italia. Sin embargo, Henry no pudo patentar el invento por culpa de los ratones que se comieron los planos originales. El crampón de Eckenstein-Grivel tenía 10 puntas perpendiculares a la suela, se ajustaba mediante correas y, como gran innovación, incluía una barra de metal en la talonera para evitar que el crampón se soltase.

Modelo de crampones Eckenstein-Grivel de 1909

Modelo de crampones Eckenstein-Grivel de 1909

Durante la primera guerra mundial, se creó también el primer crampón articulable. Este permitía adaptarse a cualquier tipo de bota, siendo además mucho más ergonómico, ligero y ajustable. Su creador, el Teniente Trémeau, hizo posible el uso del crampón en todos sus soldados, independientemente del tipo y talla de bota que usasen.

Crampón ajustable

Paralelamente, hacia 1914, nació también el “tricouni”. Se trataba de un tipo de remache que iba adherido a la suela de la bota, permitiendo un mejor agarre que las botas con suelas claveteadas. Además, los “tricounis” eran fácilmente reemplazables y fáciles de instalar. Como desventaja, tenías que progresar continuamente con estos artilugios en las botas, entorpeciendo la marcha cuando el terreno no era el más apropiado para su uso. Junto con las botas claveteadas, su uso fue desapareciendo mientras el crampón iba abriéndose paso.

Botas con tricounis instalados

Botas con "tricounis" instalados

En 1929, el primogénito de Henry, Laurent Grivel, añadió dos puntas frontales al diseño original creado por su padre. El debate generado por estas nuevas puntas quedó resuelto cuando, gracias a ellas (en parte), se escaló por primera vez la cara norte del Eiger en julio de 1938. La inclusión de estas dos puntas frontales permitió nuevas formas de encararse a la pendiente, desarrollando nuevas técnicas de progresión con crampones.

Primer modelo de crampón con 12 puntas

Primer modelo de crampón con 12 puntas

En 1962 el sistema de ajuste a la bota se perfecciona. Así, la marca alemana Salewa añade una barra dentada entre la parte frontal y trasera del crampón, permitiendo variar su longitud. En 1980, el alpinista americano Jean Paul Frechin patenta unos crampones en los que dicho ajuste se realiza mediante una barra metálica perforada con agujeros.

Crampón ajustable con barras dentadas

Crampón ajustable con barras dentadas

En 1967, los alpinistas americanos Yvon Chouinard y Tom Frost crean los primeros crampones rígidos, haciendo más viable la escalada en hielo. También, hacia finales de la misma década, la marca Stubai inclina las segundas puntas frontales para garantizar un agarre óptimo en las pendientes.

Uno de los primeros modelos de crampón rígido

Uno de los primeros modelos de crampón rígido

Varios años después, en 1972, también un americano, Mike Lowe, tiene la brillante idea de adaptar los sistemas de fijación de los esquís a los crampones. De esta manera, añade una abrazadera metálica para el talón y otra para la puntera, naciendo así los sistemas de fijación automáticos y semi-automáticos. Estos sistemas permiten un mejor ajuste del crampón, así como una manera más cómoda y rápida de ponerlo y quitarlo a la bota.

Crampón moderno con sistema de fijación automático

Crampón moderno con sistema de fijación automático

Pero será de nuevo Jean Paul Frechin el encargado de poner solución a uno de los problemas más serios en la historia del crampón: la acumulación de nieve en su interior que impide que las puntas claven adecuadamente en el terreno. Nace de esta manera el anti-zueco, una lámina de caucho que, colocada en la suela del crampón, evita que se apelmace y acumule nieve entre las puntas.

Anti-zueco (o antiboot) del crampón

Anti-zueco (o antiboot)

A partir de este momento los avances que se producen están centrados en el uso de nuevos materiales, más ligeros y resistentes; pequeñas modificaciones en los sistemas de fijación; mejores formas de ajuste para cualquier tipo de bota,... Eso sí, una correcta y adecuada formación en técnicas de cramponaje es más que imprescindible antes de encararse a cualquier tipo de pendiente. ¡Disfruta de tu ruta!

Este artículo publicado en AristaSur.com pertenece a AristaSur y está protegido bajo una Licencia Creative Commons.

Secciones: