Protección solar en montaña

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En alta montaña la exposición a las radiaciones solares es más elevada que en medios cotidianos debido a la altitud y a otras variables, y sus consecuencias se multiplican en terrenos nevados debido al efecto espejo del hielo y la nieve. Añadiendo, además, la gran cantidad de horas que pasamos bajo los rayos solares mientras realizamos nuestra actividad en la montaña (aunque no sea alta montaña), es muy importante conocer los diversos mecanismos que tenemos para protegernos de sus efectos adversos.

 

Mecanismos de protección fisiológicos

Nuestro cuerpo tiene su propio mecanismo de defensa ante los rayos solares, se trata de la melanina, una sustancia generada en la piel y que se encarga de absorber la radiación solar. Su producción se estimula con la exposición solar, determinando el grado de bronceado de la piel. Existen 6 tipos de piel en función de la respuesta que genera ésta a los rayos solares. Los fototipos del I al IV van desde personas que siempre se queman y no se broncean, hasta personas que nunca se queman y siempre se broncean, respectivamente. Los fototipos V y VI están reservados a pieles de etnias pigmentadas y negras, respectivamente.

La exposición gradual y continua al sol es la que nos permitirá -poco a poco- broncearnos, con el fin de que nuestra propia piel actúe como agente protector ante los peligros del sol. No obstante, no todas las personas, dependiendo del fototipo de piel que posean, podrán hacer uso de esa protección. En este artículo podéis leer más acerca de ello.

Otro método sería evitar la exposición durante las horas de mayor intensidad de radiación, esto es, aproximadamente entre las doce de la mañana y las cuatro de la tarde, aunque no suele ser factible con la programación horaria de nuestra actividad.

 

Mecanismos de protección artificiales

A pesar de todo, los mecanismos fisiológicos no son suficientes en la mayoría de ocasiones, por lo que necesitaremos protección artificial para protegernos de los efectos nocivos del sol. En este apartado encontramos por una lado mecanismos pasivos como la ropa que llevamos puesta, sombreros/gorros y gafas de sol; por otro lado tenemos mecanimos activos como cremas solares corporales y cremas solares labiales sobre los que nos vamos a centrar un poco más.

Las cremas solares deben llevar una numeración que indica el factor de protección solar (SPF) hacia los rayos UVB, aunque estas nos llevarían a una fotoprotección incompleta, ya que obivan la protección a los rayos UVA. Por su parte, en las cremas solares de amplio espectro figuran dos números, esto es, el factor de fotoprotección hacia los rayos UVA y UVB, respectivamente. Siempre deberíamos optar por un SPF 50+, sobretodo en época estival.

Debemos aplicar la crema solar en todas las áreas expuestas al sol: cara, cuello, orejas, nariz, brazos, piernas, etc. teniendo mucha precaución en el contorno de los ojos para que no penetre en ellos y nos cause irritación. Además, debemos reponernos el protector cada pocas horas, algo que se suele olvidar a menudo, siendo ya tarde cuando volvemos a casa y vemos nuestra piel enrojecida.

Hoy en día existen en el mercado una gran variedad de protectores solares con diferentes texturas, incluso especiales para deportistas por ser cremas resistentes a la sudoración. Pero en general se clasifican en dos grandes tipos:

  • Crema solar con filtros químicos u orgánicos: contienen compuestos sintéticos que son absorbidos por la piel y actúan creando reacciones químicas cuando incide la luz solar sobre la piel, incluso en capas profundas de la misma. No suelen dejar rastros en la piel pero pueden provocar alergias o irritaciones.
  • Creama solar con filtros físicos o minerales: contienen compuestos minerales que se adhieren a la superficie de la piel y evitan que la luz solar sea absorbida por la misma. Suelen dejar un color blanquecino en la piel pero no producen alergias o irritaciones ni son absorbidos por nuestro cuerpo.

Si quieres conocer más en detalle las diferencias entre los filtros químicos y físicos consulta este enlace.

Aún así, es importante tener en cuenta que el uso de las cremas solares no elimina los riesgos del exceso de radiación solar en nuestro cuerpo, solo los disminuye. Por tanto, el uso de la crema solar tampoco debe ser excusa para incrementar el tiempo de exposición al sol. Y, siempre, una vez finalizada nuestra jornada, es importante limpiarnos adecuadamente la piel y aplicar después cremas hidratantes para dejar nuestra piel confortable y rehidratada.

Por último, no os perdáis en el siguiente vídeo el impactante daño del sol en nuestra piel a través de cámara UV, y cómo actúa de filtro la aplicación de crema solar en la piel.

Este artículo publicado en AristaSur.com pertenece a AristaSur y está protegido bajo una Licencia Creative Commons.

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1 Comentarios

  • 1 año 4 meses

    Es muy importante esto que comentáis, en especial para quienes se inician en senderismo o exploración de alta montaña, ya que muchas veces se olvida lo agresiva que es la radiación solar, cada vez más intensa en nuestro planeta.

    Me gustaría recalcar también el uso de un buen equipamiento que nos proteja de todas las condiciones atmosféricas, pero en especial a quienes se dedican al trabajo en alta montaña, que deben equiparse con ropa de trabajo homologada, que cumpla la normativa vigente de seguridad laboral y protección.

    Igualmente, existe ropa especializada para aficionados a la montaña que, sin ser de muy elevado precio, nos ayuda a protegernos de la ventisca y radiación solar, al tiempo que deja a nuestro cuerpo transpirar, como es el caso de las parkas o abrigos con varias capas internas, o el simple hecho de llevar un buen cortavientos doblado en la mochila nos puede salvar de algún que otro contratiempo con el viento y la lluvia de las cimas.

    Un saludo y gracias por los consejos!!