Uso de la manta térmica en montaña

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La manta térmica debe ser un utensilio de seguridad básico en tu botiquín de montaña. Se trata de un accesorio pequeño  y muy ligero, de pocos gramos, que puede salvarnos la vida ante situaciones de emergencia. El material del que está construída ayuda a mantener la temperatura corporal. Para ello debemos saber cómo usarla y no conseguir los efectos contrarios a los requeridos por la situación. Hay que empezar señalando que toda manta térmica tiene dos lados: uno plateado y otro dorado. En ambos casos el uso común es la señalización de nuestra posición a compañeros o equipos de rescate por el reflejo de la luz solar o lunar. Aparte, el uso de la manta está indicado para situaciones de hipotermia o altas temperaturas.

Ante situaciones de hipotermia (cuando la temperatura corporal cae por debajo de los 35ºC) nuestro objetivo será aumentar la temperatura corporal. Puede ocurrir, por ejemplo, ante accidentes o emergencias en rutas invernales, mientras esperamos al equipo de rescate sin poder movernos. En estos casos debemos protegernos con la parte plateada de la manta en contacto con nuestro cuerpo, dejando la cara dorada hacia el exterior. De esta manera conseguiremos absorber más calor por radiación solar y, así, aumentar la temperatura. Al mismo tiempo, evitaremos la pérdida de calor por convección, evitando que el calor corporal se escape desde el interior de la manta.

     

Imagen extraída de silvanatura.wordpress.com

Recuerda que se trata únicamente de una fina lámina de plástico, y no una manta "mágica". Por tanto, únicamente servirá ante situaciones poco adversas. Para ambientes más agresivos es primordial también protegerse todo lo que se pueda, cubriendo bien todas las partes del cuerpo con más prendas y, a ser posible, resguardándose de las inclemencias meteorológicas como viento, lluvia o nieve. Se deberá cubrir totalmente la cabeza únicamente en casos de hipotermia aguda, vigilando constantemente a la persona por el posible riesgo de asfixia y alteraciones emocionales (p.ej. episodios de ansiedad). En el resto de casos la zona de la cara deberá quedar al descubierto para facilitar la respiración. Si la persona tiene dificultades para moverse, deberemos fijar bien la manta con algún accesorio (esparadrapo o cuerda) para evitar que ésta se mueva, quedar desprotegidos, y que el aire (calor) se escape desde dentro de la manta. También deberemos evitar que la persona esté en contacto con la nieve, haciendo que se siente o tumbe sobre algún tipo de textil, esterilla o la propia mochila.

En casos contrarios, cuando el objetivo es protegerse del sol, ante golpes de calor o situaciones febriles, la parte plateada deberá orientarse al exterior. De esta manera se reflejará la radiación solar, calentando menos la manta y, por tanto, transmitiendo menos calor a la persona. Es imprescindible resaltar aquí que el uso de la manta térmica para bajar la temperatura corporal es incorrecto: los efectos derivados por la radiación solar (parte plateada hacia afuera, reflejando así los rayos solares) son mínimos en comparación con el uso contrario descrito anteriormente. La máxima utilidad en estos casos pasa por crear un sombrajo o toldo, haciendo sombra a la persona y dejando un espacio entre la manta y el cuerpo por donde corra el aire. Sin este espacio se corre el riesgo de conseguir el efecto contrario: aumentar la temperatura corporal. Por tanto, deberemos crear un toldo con la manta para proteger a la persona con fiebre o insolación de la exposición al sol.

Imagen extraída de pararpensaractuar.com

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