Alud de placa

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Los aludes son uno de los mayores peligros a los que nos enfrentamos en nuestras salidas invernales a la montaña. En este artículo profundizaremos en uno de los tres tipos de aludes que existen: los aludes de placa. De manera frecuente, estos aludes tienden a originarse por el paso de un esquiador o un montañero por encima de las placas de nieve, por lo que se trata del tipo de alud más peligroso y el que más víctimas causa.

Una placa es una superficie de nieve compacta y densa. Por tanto, como vemos en la siguiente imagen, este tipo de alud consiste en el desprendimiento y deslizamiento de una capa del manto nivoso (placa) sobre otra más antigua que actúa a modo de rampa.

Representación de placas de nieve en la ladera (imagen tomada de blogs.forumsport.com)

Este tipo de alud deja fracturas de nieve bien visibles en la montaña, como puede verse en las siguientes dos imágenes. Se produce por la existencia de discontinuidades en el manto nivoso: la nieve se encuentra débilmente adherida a la superficie de terreno (capa de nieve previa) sobre la que reposa. El desplazamiento de esta capa es lineal y la velocidad puede oscilar entre los 20 y los 50 km/h.

Fractura en la nieve por un alud de placa (imágenes tomadas de blogs.forumport.com)

Principalmente ocurren en invierno y en las laderas con orientación norte, ya que la falta de sol impide o retrasa la transformación del manto nivoso y la adhesión de esta capa nieve con la ya existente en la montaña. Las laderas con orientación este son las segundas más peligrosas, pues solo reciben el sol del amanecer, con las temperaturas más frías del día, y la nieve apenas tiene tiempo para transformar. Después nos encontramos las laderas con orientación oeste, que reciben el sol al final del día y tienden a transformar la nieve de una manera más brusca ante las temperaturas más altas. Por último, las laderas con orientación sur, por ser las más expuestas al sol, tan solo necesitan un par de días para estabilizar la nueva capa de nieve recién caída. Por estos motivos, en invierno es preferible escoger rutas con orientación sur, sureste o suroeste; dejando las rutas con orientación norte para la primavera, cuando el sol incide más directamente sobre ellas, permitiendo la estabilización del manto nivoso.

Además, también suelen producirse tras nevadas intensas y vientos fuertes ya que, igualmente, impiden que la nieve fresca se adhiera bien a la capa previa. En este sentido, si sabemos que recientemente ha habido una nevada con rachas fuertes de viento, es crucial mantenerse alerta en la ruta, ya que el viento deposita los copos de nieve en laderas con orientación sotavento (ladera no expuesta al viento), haciendo más probable la existencia de placas en ellas (ver la siguiente imagen). Por otro lado, la combinación de estos factores produce la formación de cornisas en cumbres en la misma dirección del viento, lo que nos proporciona una pista muy valiosa para poder identificar dónde pueden encontrarse las placas de nieve con alto riesgo de desprenderse. Pero atención, ¡si no hay cornisas también puede ser que haya placas!

Representación de dónde pueden formarse las placas (imagen tomada de blogs.forumsport.com)

La nieve existente en la ladera de una montaña permanece inmóvil si sus fuerzas de tracción (peso de la nieve e inclinación de la ladera) son compensadas por sus fuerzas de resistencia (anclaje del manto de nieve al suelo y cohesión de las distintas placas de nieve entre sí). Por este motivo, la pendiente de la ladera es otro de los factores más importantes a tener en cuenta, ya que el riesgo de desprendimiento aumenta considerablemente a partir de los 27º, siendo el rango de los 30º a los 45º el más peligroso (por encima de dicha inclinación la nieve no suele acumularse por efecto de la gravedad). Por tanto, es crucial extremar la precaución al cruzar laderas con dichas inclinaciones, ya que se trata de un terreno potencialmente peligroso.

El equilibrio entre las fuerzas de tracción y resistencia puede romperse también por varios factores: nuevas nevadas o transporte de la nieve por el viento (lo que provoca un aumento del peso de la placa de nieve), lluvia o nieve (lo que provoca la humidificación de la nieve y su consecuente pérdida de cohesión), o la sobrecarga del manto nivoso por el paso de personas o animales, o la caída de rocas o cornisas. En este último aspecto, es probable que la sobrecarga no se produzca por el paso de una sola persona, pero sí por el paso de dos o más montañeros juntos. De ahí la importancia de mantener una distancia de seguridad de al menos 10 metros entre los miembros de un grupo a la hora de cruzar una ladera especialmente peligrosa. Si, al pasar por encima de una placa escucháis que esta chirría y se produce un ruido sordo repentino, ¡dad marcha atrás!

Por úlltimo, otro de los factores a tener en cuenta es la combinación de viento con temperaturas frías y días previos de anticiclón. Esto es así porque el frío vuelve más frágil a la nieve y aumenta el riesgo de desprendimiento de placas. Además, como es más probable que nieve y haya viento tras varios días de tiempo anticiclónico, la nueva nieve caerá sobre una capa fría de nieve antigua, dificultando su cohesión y aumentando exponencialmente el riesgo de aludes. Es por ello que los avisos por riesgo de aludes se incrementan en días despejados tras fuertes nevadas. Por tanto, extremad la precaución ante nevadas recientes que se hayan producido tras anticiclones largos y temperaturas frías. Aunque las ganas de salir a la montaña sean grandes tras varios días encerrados con mal tiempo, sed prudentes y permaneced atentos a los partes meteorológicos. 

Aunque sea imposible anticipar la existencia de un alud, tener en cuenta todos estos factores hará que estemos más alerta y podamos extremar la precaución.

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