Cómo utilizar una brújula lensática, militar o de marcha

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De los diferentes tipos de brújula existentes, las más comunes son las brújulas lensáticas (también conocidas como brújulas militares o de marcha) y las brújulas cartográficas. Ambas tienen características comunes, pero también unas importantes diferencias que las hacen más aptas para determinados usos (en este otro artículo puedes leer en qué se diferencian). En esta ocasión vamos a explicar cómo se usa la brújula lensática, militar o de marcha.

Esta brújula está especialmente diseñada para marcar rumbos a puntos distantes y seguir la dirección minimizando el error. Si queremos conocer el rumbo para llegar a un punto visible del terreno (un pico, por ejemplo) tan solo tenemos que apuntar con la brújula hacia nuestro destino y leer los grados marcados por la línea de dirección. Estas brújulas son más aptas, por tanto, para la navegación sobre el terreno y no para su uso en conjunto con mapas cartográficos.

Se descompone en dos partes principales:

  • Soporte o carcasa que, al desplegar, nos indica la dirección que debemos tomar.
  • Una cápsula estanca graduada que contiene la aguja magnética.

Partes de la brújula lensática, militar o de marcha.

En primer lugar tenemos que "tirar la visual", es decir, apuntar con la brújula hacia nuestro destino. Para ello desplegamos la brújula hasta que la tapa alcance los 90º con respecto a su base. La sujetamos introduciendo el dedo pulgar sobre la anilla (la misma anilla que sirve para cerrar la brújula cuando está plegada), la levantamos hasta la cara y, apoyando la mano sobre el pómulo, apuntamos hacia el lugar al que queremos dirigirnos o conocer su rumbo.

Forma de coger la brújula para tirar la línea (BRAC 2005)

Para facilitar esta labor, la tapa de la brújula viene con una apertura que está recorrida longitudinalmente por un fino alambre, conocido como pelo de azimut (ver primera imagen del artículo). También, el soporte de la lente viene con una muesca vertical. Y para obtener la mayor precisión a la hora de conocer nuestro rumbo, basta con hacer coincidir estos tres elementos: el lugar al que nos dirigimos o del cual queremos conocer su rumbo, el pelo de azimut, y la muesca de la tapa de la lente. En este momento debemos tener mucho cuidado para mantener la brújula horizontalmente y esperar a que la aguja magnética se estabilice correctamente. Cualquier movimiento o inclinación darían como resultado una medición errónea del rumbo. 

Por último, tan solo nos queda leer los grados de la circunferencia bajo la línea de dirección pintada sobre el cristal que cubre la aguja magnética. Para facilitar esta lectura, estas brújulas vienen con una pequeña lente (que incorpora la muesca de la que hablábamos anteriormente) para que, al tirar la visual, nos permita leer cómodamente los grados bajo la línea de dirección. Finalizado este proceso ya conoceremos el rumbo que tenemos que seguir para alcanzar nuestro destino, que nos será de gran utilidad cuando lo perdamos de vista temporalmente, ya sea porque quede oculto por algún tipo de accidente geográfico, bosque,... o por pérdida de visibilidad debido a la niebla, entre otros factores. Si esto ocurriera, basta con sacar la brújula, sujetarla horizontalmente sobre la mano, y girar con ella todo el cuerpo hasta que la circunferencia graduada marque bajo la línea de dirección el rumbo memorizado.

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